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El Museo Reina Sofía
El 21 de abril de 1995 Diario 16 publicaba un artículo en el que se hacía público un informe de un grupo de investigadores respecto a ciertos sucesos extraños. Con fecha del 1 de marzo del mismo año se hablaba de: puesta en marcha de los ascensores una vez apagados, puerta cerradas con llave que se abrían solas, ruidos de pasos, presencia de entidades con hábito religioso por los pasillos y algunos hechos más.
No queda todo ahí. En febrero de 1998 surgieron nuevos testimonios del personal. Una de las vigilantes encargada del acceso nocturno a los ascensores notó empujones de manos invisibles, otro pidió el traslado tras ver por los pasillos a una comitiva de monjas. Está claro que algo pasa en el Museo Reina Sofía, la clave está, quizá, en su historia.
El Hospital Real de San Carlos se inauguró por Carlos III en 1787. El diseño fue de Francisco Sabatini. En el siglo XX fue abandonado, de hecho, algunas voces pidieron su demolición en la funesta década de los 70, pero se declaró monumento histórico en 1977 y luego fue reciclado como museo de arte moderno. Ya como hospital, fue usado durante muchos años como lugar de enterramientos. En la plaza que ahora ocupa el aparcamiento público se encontraron fosas comunes, llenas de restos óseos de cientos de fallecidos que no habían tenido acceso a un cementerio. Aún más, en la investigación antes citada, se buscó en los sótanos, donde aún hoy se encuentran lápidas de los enterramientos que se efectuaron allí a lo largo de su historia.
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