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Los aparecidos del metro
Aunque en estas líneas nos hemos centrado en las casas y palacios, no podemos dejar de reseñar otro de los espacios inquietantes de nuestra ciudad. En esta ocasión, bajo tierra, un lugar por el que a diario transitan miles de personas, muchos de los cuales sentirán un escalofrío incómodo, una corriente fría y repentina que les inquieta sin saber por qué.
En la actual plaza de Tirso de Molina se encontraba el Monasterio de la Merced, que fue demolido en 1840 para dar lugar a la plaza actual. Cuando se construía el metro en 1921, los obreros toparon con el osario del monasterio, bajo tierra. No sabiendo qué hacer con ellos, los amontonaron en los andenes y pusieron sobre ellos las baldosas que nosotros pisamos día tras día.
Durante la excavación del túnel los obreros contaron historias sobre gritos desgarradores de auxilio que venían del interior de la tierra, los vecinos hablan aún hoy del fantasma de las obras, un ente que se paseaba durante la construcción del metro y muchos madrileños de a pie confiesan haber oído gritos de socorro desde el interior del negro túnel mientras esperaban el metro siempre a horas intespestivas.
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