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Ayala, 126
En un chalé de la calle Ayala, de color amarillo y cuatro plantas, entre edificios más modernos e impersonales, hallamos una de esas rarezas que se encuentran poco en los barrios de Madrid, que además tiene una historia curiosa: fue un prostíbulo, donde murió un obispo en pleno frenesí pastoral con una de las habitantes. Por cierto, también es una casa encantada.
Desde principios de los años 80 se tienen noticias de ruidos sin causa que han llegado a provocar más de una mudanza. Algunos lo achacaron a un perturbado que vivía en una de las casas. En la actualidad es un edificio de oficinas donde el rumor de los ordenadores apaga los gritos de quien sólo es audible por la noche.
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