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La casa de las siete chimeneas

Llamada así por las siete chimeneas que asoman en su techo, este edificio, que hoy alberga el Ministerio de Cultura, se alza entre la calle Infantas y la plaza del Rey. Se construyó a principios del siglo XVI en lo que eran las afueras de la ciudad, la trasera del monasterio del Carmen, una zona llena de huertas, como una casa de campo.

Hay varias versiones acerca de lo que realmente pasó, y sigue pasando, la historia y la leyenda se mezclan en varias historias que pululan en diversas fuentes. Todas las versiones comienzan con el desposamiento del capitán Zapata y la joven Elena, camarera al servicio del Rey.

Apenas días después de su boda, el capitán tiene que marchar a luchar en la batalla de San Quintín, donde moriría con el nombre de su amada en la boca. Elena quedó destrozada, encerrada en su habitación durante meses. La servidumbre solo la oía llorar y quejarse de su desdicha. Una mañana su cuerpo aparece muerto con una sonrisa sobre el lecho conyugal.

Extrañamente el cadáver desaparece, unos acusan al padre de Elena, otros dicen que está emparedada en algún lugar de la casa. Poco después, el padre de la desdichada se ahorca de las vigas de la casa. El rey Felipe ordena una investigación de los sucesos, más por acallar los rumores que la unían sentimentalmente a la fallecida, que por otra cosa. Nada da resultado y la incógnita sobre las circunstancias de la muerte siguen siendo desconocidas.

Algún tiempo después, cuando todo empezaba a olvidarse empezó a correr el rumor de que algunas noches, tras el toque de ánimas aparecía en el tejado la figura de una dama vestida con vaporosos vestidos blancos, alumbrándose con una antorcha caminaba por las tejas con decisión y sin miedo hasta situarse en la parte más cercana al Palacio Real. Allí se arrodillaba, mientras se daba golpes en el pecho hasta que iba difuminándose la imagen.

Las interpretaciones a la leyenda son varias. Quizá se trató de una amante del rey que casó con uno de sus capitanes, al que el monarca mandó asesinar por celos, cuando a pesar de haber destinado lejos a su marido esta se negaba a prestarse a sus requerimientos. Otros hablan de un padre celosísimo que no dudó en matar a su propia hija para ocultar un delito incestuoso y luego suicidarse. Otros pocos se quedan con la historia romántica sin más: una amada que no puede abandonar este mundo por la pena.

Lo que está claro es que esta zona concentra, por las razones que sean, algún tipo de interés para los espectros porque en este mismo área, según unos en la misma casa, se cuenta la historia de un hacendado de las Indias que, vuelto a la Corte, decidió desposarse con una jovencita que había sido amiga del rey (otra vez). Cuando terminó la ceremonia el viejo rico corrió a la alcoba para culminar la noche. No halló a su esposa y la buscó por toda la casa. En el sótano del edificio la encontró, muerta, con un puñal de rico brocado clavado en el pecho y las arras de la ceremonia, regalo del mismísimo rey, esparcidas por el suelo a su alrededor.

Estas apariciones y periódicos sucesos extraños en la casa, mantuvieron viva la leyenda hasta nuestros días. Pero el final de la historia aún estaba por llegar. En el siglo XIX se destinó el inmueble para sede del Banco de Castilla. Empezaron las obras de acondicionamiento. Un día, la cuadrilla de obreros que trabajaba en el sótano topó con un macabro hallazgo: un esqueleto de mujer y monedas de oro del siglo XVI. Pero no era el único cadáver que esperaba entre las paredes de la casa: en 1960 en otras obras de reforma se encuentra el esqueleto de un hombre emparedado entre los ladrillos de un muro. Hasta hoy, dos muertos que descansaban entre las paredes de esta casa en un lecho que probablemente no habían elegido, ¿cuántos más esperan a ser descubiertos algún día?

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