| Cizaña.
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Mi gran boda griega
Lorenzo F. Díaz.
 Comedia de estructura clásica, escrita con talento, inteligencia y sentido del humor, que ha arrasado en los Estados Unidos, pero cuyo planteamiento universal le permite funcionar igualmente bien en otros países.
No es que sea una gran película, es que se limita a ser una película como es debido. Tiene un guión bien escrito, con un principio, un desarrollo y un final, busca hacer reír y lo consigue controlando el ritmo y la recurrencia de las frases. Su director, Joel Zwick, es un señor competente bregado en la televisión que se limita a llevar ese guión a buen puerto. El hombre no es muy creativo ni inventivo y la cosa se deja ver con agrado pero sin entusiasmos. Un director mejor habría hecho con ese texto un auténtica maravilla. No es el caso. Lástima.
Lo que no es una lástima es el guión citado. Tiene el mérito de acumular con habilidad un chiste tras otro, de forma que hasta los menos graciosos acaban por serlo. El discurso autobiográfico de los primeros cinco minutos no es especialmente divertido, pero sirve de base a la mayoría de los hilarantes diálogos posteriores, en un truco preparatorio de lo más admirable.
La historia es sencilla y vieja como la vida misma: Toula (la desconocida Nia Vardalos, autora también del guión y de la obra de teatro en que se basa) es una chica griega de treinta y tantos años que vive en el seno de una familia muy griega y parece destinada a casarse para tener hijos griegos que se casen con otros griegos. Si es que se casa, claro.
Toula, al final sí se casará (lo dice el título), pero con Ian Miller (John Corbett, conocido entre nosotros por hacer de locutor radiofónico en Doctor en Alaska), que no tiene nada de griego para espanto del padre de ella. El metraje lo completan la relación entre los dos, la relación con los padres de ella (los padres de él son inexistentes, aunque salgan), la relación con los parientes griegos de ella y la boda griega del final. Todo muy griego, como ven.
Es una película independiente, de escaso presupuesto y que medra en los estereotipos (griegos) para funcionar. No pretende ser realista y no lo es. Evita los melodramas para contar una historia amable que quiere divertir y complacer a todo el mundo, empresa improbable y difícil de conseguir, aunque se acerca mucho a ello.
Y es que siempre habrá quien considere a los personajes planos y estereotipados, y tendrá razón: Ian Miller, sólo es guapo, inteligente e infinitamente paciente, dispuesto a hacer las mayores heroicidades por poder seguir con la mujer que ama. Y es que, ¿hay algo a priori más heroico que relacionarse con la familia de tu novia cuando a esta no le parece bien su relación contigo?. Y habrá quien eche de menos un ritmo más vertiginoso (¡una película donde sólo hablan, qué asco!) o incluso algún tartazo (no es de Charlot). Y tendrán razón, porque tiene y no tiene todo eso, porque se han equivocado de película y debían haber ido a ver otra, como El caso Bourne, que tiene todo lo que no tiene esta, y viceversa.
Los que entren a verla y descubran que han acertado en su elección se encontrarán con hora y media divertida, alegre y sumamente entretenida. Una comedia romántica sin pizca de sentimentalismo. Un hallazgo en los tiempos que corren.
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