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En la puerta

¿Libre?

Es hora de que hablemos de uno de los momentos álgidos de la noche, tanto la de los jóvenes como la de los mayores. Es ese instante en el que te encuentras en la puerta del local de moda, escuchando la música que se cuela por la rendija, respirando el olor de la seducción voluptuosa que te espera tras la puerta del paraíso.

Por regla general, a las chicas se les permite el acceso sin problemas, no en vano (la discoteca que esté libre de este tipo de machismo que tire la primera piedra) son el perfecto reclamo para el sexo masculino. Éste ha de pasar un exhaustivo examen del personal de seguridad (también llamados porteros, gorilas, seguratas, matones...) que consiste en que su aspecto exterior sea del gusto del local. Eufemismo: no podrás entrar con zapatillas de deporte, sandalias, calcetines blancos, pantalones cortos... pero no te podemos engañar, si no te han dejado nunca llegarás a saber qué es lo que te ha faltado para pasar.

El gorila: nunca se sabe.

Normalmente dependerá de que le caigas bien al gorila de la puerta, así de sencillo y así de triste. Las razones que te dan para que no entres son cuando menos graciosas por la cantidad de ironía y mentiras que conllevan. La más común es que te pidan un carné de socio que, claro está, no existe, apartándote con un codazo nunca sutil mientras dejan pasar a algún tipo sin carné y con el mismo aspecto que tú. No hagas preguntas. Otra frase bastante socorrida es aquella de "fiesta privada, no puedes entrar". Otro codazo. Sigue sin preguntar. Otra menos utilizada por lo descarado de su infamia es la de "lo siento, aforo completo". Sospecharás de que te han vuelto a engañar cuando veas que tu cuerpo iba a ocupar ( milagros de la física... ¿en eso consiste la relatividad?) mucho más que el de las quince mujeres que, después de un nuevo y cariñoso codazo, entran en el paraíso ahora perdido. Es en ese punto donde radica la verdadera humillación, cuando te sientes observado por los fríos ojos de las mujeres que entran dedicándote un desprecio solo igualable al que se produce tras un intento de seducción desafortunado (es algo genético: los hombres nunca podrán mirar así).

Sigue sin preguntar.

Pero no todo van a ser dificultades, sin poder evitar nunca la desagradable cola de la entrada, puedes tener el fin de noche que quieras, recuerda que el tiempo se acaba, solo tienes hasta las once... todo depende ahora de ti.